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Ya en su adolescencia Marta tenía mucha personalidad. Ante las advertencias de sus padres, sobre los temores de éstos con respecto a sus proyectos y decisiones, respondía siempre que la dejasen equivocarse a ella.
La joven Marta era guapa, esbelta y coqueta. En una ocasión llegó a participar en un desfile de modelos, pero nunca alardeó de ello. Moderna, le gustaba ir a la última en moda. Elegía su propia ropa y nunca le importó el juicio de los demás. Atraía a los chicos por su físico y simpatía. Tuvo dos novios, el primero de ellos en su adolescencia. Nadie podía estar triste a su lado, era alegre e ingeniosa, en ocasiones “una payasa”.
Tras la experiencia que tuvo en Taizé, Marta siempre comentaba en sus distintos ambientes (familiar y de amigos), que quería cambiar el mundo. Sentía un fuerte impulso a hacerlo a través de los medios de comunicación. |
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Quería pasar por la vida dejando un mundo mejor del que ella se encontró. Hija de su tiempo, y consciente de la fuerza y el poder de “los medios”, pretendía influir en los demás a través de las tecnologías, de la imagen y el sonido, por eso decidió hacer periodismo.