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¡Oh, Dios, ayúdame por favor, ya!  Que no hay tiempo.... Que la vida es muchísimo más corta de lo que, pobres ilusos, pensamos...

 

Que cuando Tú quieres nos coges y nos llevas de este suelo que nos ha tocado vivir. Ayúdame a encontrarte. Ábreme bien los ojos y mi corazón.

 

Al final, en su cabeza sólo cabía Dios y su saber cumplir su voluntad.

 

No sé, ni  quiero saber que planes tienes para mí. Tu voluntad en mí. Pero sólo te pido una cosa: Que sea lo que sea, me des fuerzas suficientes para aceptarlo y cumplirlo. Que nunca por ello me aleje de Ti, sino que cada vez haga más fuertes las cuerdas que me atan a Ti. Sólo te dejo a Ti que me guíes. Sólo a Ti mi Dios.

 

Marta fue despojada afectivamente de todo: estudios, novio… se quedó sola… con Dios. Ella presentía que su final estaba cerca y de que no tenía mucho tiempo para poder cumplir la voluntad de Dios sobre su vida.

 

 

Aquella noche, día de Santa Inés Virgen y Mártir, Dios en sus designios insondables permitió que Marta fuera abordada por el desalmado que le quitó la vida. Hasta su último aliento fue heroica su lucha y resistencia en la defensa de su castidad, siendo esto lo que motivó que de una forma brutal la asesinaran.

 

A los pocos días, fue encontrado el cuerpo. La noticia apareció en el periódico. D. José, canónigo de la Catedral cuando la leyó dejó el desayuno en la mesa y se acercó al tanatorio. Al entrar la madre de Marta le comentó si venía a rezar por ella. El sacerdote le respondió, que no, que venía a encomendarse a ella.

 

Sorprendía su semblante plácido y sereno, después de la violenta forma en que le quitaron la vida. En su dulce semblante, se apreciaba un moratón en el mismo lado y semejante al del rostro de Jesús en la Sábana Santa.

 

Unos días antes, Marta había comentado con una amiga las canciones que le gustaría fueran cantadas en su funeral. Entre ellas estaba la canción “Ven del Líbano, esposa”, cuya letra es del Cantar de los Cantares (Cap. 4, 8 ss). Al tratarse de una canción de bodas, el encargado de tocar la guitarra en el funeral de Marta no se sentía capaz de hacerlo, pero cuando al final la tocó, comentó que no pudo tocar otra cosa.  

 

En el lugar en el que descansa el cuerpo de Marta, reza la siguiente frase: “porque estamos todos de paso en este mundo”.