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Fecha   29 de julio de 2008
Medio   Internet - Web
Testimonio de Carlos D. (Sacerdote)

 

Ayer, domingo 27 de Julio de 2008, leyendo el suplemento crónica del diario el Mundo, me sorprendió, me impactó, no sé cómo explicarlo, pero el artículo sobre  nihil obstat de la Santa Sede para que Marta Obregón llegue a los altares me llamó la atención.  Al principio, a decir verdad, por un poco de curiosidad, pensé que se trataba de alguna historia en la que de una forma o de otra se ridiculizaba a la Iglesia. ¿Una chica, atractiva, muy guapa, con unas cualidades excepcionales, camino de los altares porque murió forcejeando con su agresor en un intento de violación?  He de confesar, como he dicho antes, que la cosa tenía su morbo. Pero a medida que leía el artículo me daba cuenta de que estaban contando la vida, con sus luces y sombras,  de una joven de 22 años que saboreó como todos deberíamos hacerlo el amor de Dios. Tenía ilusiones, ambiciones, proyectos, etc..., bien lo sabe la directora del Centro del Opus Dei donde iba a estudiar.  Era una chica de nuestro tiempo como se dice ahora;  pero tenía algo más había vuelto a encontrar el amor de Dios,  que nunca la abandonó, y para no alejarse nunca de Dios llevaba dirección espiritual con el sacerdote del Centro. 

 

Si en todo lo escrito  alguien se ha molestado u ofendido le pido perdón,  no es esa mi intención, escribir no se me da bien,  sino que pretendo poner de relieve que en los planes de Dios, aunque nosotros  no los entendamos,  Marta tenía que dar un testimonio de castidad en grado heroico en una sociedad en que lo que  importa es pasarlo bien, dar rienda suelta a tus instintos y “viva la Pepa”; por lo menos es lo que nos quieren hacer creer.  Por lo que he leído, Marta no era así, tenía las ideas claras, una formación cristiana envidiable, lo mas importante, era una mujer enamorada.  Como  es lógico y normal tenía un amor en la tierra, pero también un amor con mayúscula.  Los pies en la tierra, la cabeza en el cielo; y como decía San Josemaría Escrivá, amaba a Dios y a las criaturas con el mismo corazón.

 

Me llamo Carlos Dolz, soy sacerdote, pertenezco a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei, estoy incardinado en la diócesis de Segorbe-Castellón, y he confesar que desde que leí el artículo no he dejado ni un momento de pedirle a Marta que nos ayude a los sacerdotes a vivir enamorador de Dios, porque ese es el secreto para vivir en castidad, en mi caso el celibato sacerdotal, que no es una carga, sino alas para volar muy, muy alto.

 

Querida Marta:

                Sé que estás gozando de la visión de Dios, de su misericordia.  Tú has encontrado lo que tanto le pedías, y ahora gozas de la plenitud de su amor.  Gracias por el testimonio que nos dejado.  Sé que oyes lo que te pedimos y que nos miras desde el Cielo con el mismo amor y el mismo cariño con que lo hace Dios.

               

Llevo la foto de tu estampa en la agenda electrónica, y cuando la miro me digo: "tú fuiste fiel, ayúdanos a ser fieles"

 

Castellón 28 de Julio de 2008.               

Carlos D.